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  • LA CIENCIA MÉDICA AL SERVICIO DEL HOMBRE “

    Concepción metafísica

    Sostiene el materialismo  "que el hombre es un conjunto de átomos, que se reúnen en virtud de la ley de atracción  para dispersarse después de la muerte y constituir otros organismos. En efecto, este contexto explica todas las funciones del hombre en base a movimientos corporales.

    La concepción Socrática del hombre

    Sócrates instaba a los hombres a buscar la verdad en su propio interior. Encontrar la verdad significaba ser virtuoso, esto es, actuar dacuerdo con la virtud. Para ello, el hombre debe buscar hasta encontrar en su alma las normas que le permitirán actuar bien. En el alme a radica la esencia del hombre, es decir, su virtuosismo. La esencia del hombre es para Sócrates una esencia de tipo absolutamente moral. El principio socrático del dominio interior del hombre por sí mismo lleva implícito un nuevo concepto de la libertad.

    LA CIENCIA MÉDICA AL SERVICIO DEL HOMBRE

    La medicina, desde sus orígenes, ha hecho hincapié en que la responsabilidad del médico está por encima de sus intereses económicos. En esos términos prescribe el juramento de Hipócrates. En la actualidad: “un médico debe practicar su profesión sin permitir la influencia de motivos de lucro.” Por eso, entre otras cosas, debe impedirse la consideración por parte de médicos y enfermos acerca de la salud como mercancía. Así pues,  es fácil observar que son estas propiedades de la medicina, lo que es y lo que no es, las que hacen que su comprensión cueste trabajo para propios y extraños. 

    Un famoso escritor, Albert Camus, Premio Nóbel de Literatura 1957, en su novela La peste, nos habla de quienes: “a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, pero, rehusando estar del lado de las calamidades, se esforzaban en ser médicos.” Es decir, el médico está a medio camino de la santidad,  y la medicina se asume como el paradigma de todas las profesiones.  Debemos aceptar, plenos de humildad, que la práctica médica está llena de incertidumbre pues hay mucha ignorancia del proceso científico médico que suele ser tortuoso. Lo que hoy es cierto, antes de cinco años habrá modificado su importancia o será desechado por obsoleto en más del 50% de los casos.

    Sin embargo desde el inicio de la historia, la medicina ha sido una práctica difícil por incomprendida; el enfermo con frecuencia hace demandas que no corresponden a la realidad pues suele ver al médico como una deidad que debe cumplir los pedimentos del paciente. A la manera de Tlazolteotl, la diosa indígena de las inmundicias, pues cuando no cumplía lo que le solicitaban se le cubría con excremento.

    Por otro lado cuando se obtienen los resultados deseados se le escatima al médico el éxito. A todos ustedes consta el dicho: “si se alivió fue la virgen, si se murió fue el doctor.” Pero, la demanda en ocasiones es excesiva, convirtiéndose en el deseo del deseo; esto se muestra con elocuencia en la carta atribuida a Esculapio, dios de la medicina, que le dirige a su hijo y que dice así: “¿Quieres ser médico hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia. ¿Deseas que los hombres te tengan por un dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el espanto? ¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida?

    Lo anterior es una muestra de la admiración que se tenía en la antigua Grecia por la medicina, disciplina que, al unir mano y cerebro, se constituyó como representante de las ciencias del hombre. Aristóteles señalaba que se podía estudiar filosofía y al final percatarse que lo que se estudiaba era medicina y viceversa. Hipócrates sentenciaba: “Iatros philosophos isotheos”, el médico que al mismo tiempo es filósofo es semejante a los dioses, aprecio, por una práctica, que descuella en el cristianismo con la figura del Cristo médico, en vírgenes como la de Guadalupe a la que se considera Madre de la Salud y en diversos santos y seres superiores con capacidad de alivio. Pero, bien visto, han sido todas las culturas las que han puesto en las manos del médico el milagro de la curación.

     

     

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